martes, 3 de marzo de 2009

314-


Ni la euforia ya desdibujada de mis venas, ni la suma de todas las pequeñas convicciones corporales que forman nuestro sentido de la realidad podían ser prueba suficiente de que un encuentro había sucedido, de que una puerta por fin se había abierto por donde yo pudiera ingresar al mundo en el que las cosas pasan, no se sueñan.

No hay comentarios: