"Sabía que el olor de mi sangre, más dulce para él que el de ninguna otra persona, era realmente como si se le ofreciese vino en vez de agua a un alcohólico, y le causaba un dolor real por la sed ardiente que le provocaba; pero eso no parecía arredrarle ahora, como sí había ocurrido al principio. Apenas podía intuir el esfuerzo hercúleo que encubría ese gesto tan sencillo."
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